miércoles, 1 de noviembre de 2017

Tema 20. Fernando VII



En 1813, embarcado a la vez en la ocupación de Rusia y en la guerra española, bloqueado por la armada inglesa, y con una fuerte contestación interna, por parte de los grupos dirigentes y una burguesía a la que el bloqueo perjudicaba en sus negocios, el Imperio Napoleónico se colapsó.
El ejercito imperial hubo de retirarse de Rusia, dejando tras de si mas de 300.000 muertos y prisioneros y abandonando gran cantidad de material. En España, el ejército español abandono su guerra de guerrillas, y apoyado por las tropas británicas del duque de Wellington, infligía una dura derrota a los franceses en la batalla de Arapiles. Tras ella, José I abandonaba Madrid, y el ejército francés se replegaba a Navarra y Cataluña, con lo que el Consejo de Regencia y la Cortes extendían su dominio sobre España. Meses después, Napoleón era derrotado por la coalición internacional absolutista en Leipzig, en Alemania, poniéndose fin a su reinado.
Esas circunstancias incidirían de manera extraordinaria en la situación española. Tras la derrota, Napoleón fue confinado en Elba, mientras las potencias, bajo la dirección del canciller austriaco, príncipe de Metternich convocaba el Congreso de Viena. Esta reunión internacional establecería un nuevo periodo en la historia Europa llamado Restauración, que duraría los siguientes 20 años, y que significaría la reimposición del absolutismo, la vuelta al Antiguo Régimen existente hasta 1789.

Pero antes de seguir, preparemos el tema con este vídeo de Rtve2


En síntesis, El Congreso decidió:

a- volver a las fronteras anteriores a 1789
b- Restaurar el Antiguo Régimen anulando toda obra, reforma o ley liberal que Napoleón u otros gobiernos hubieran adoptado
c- Restaurar en sus tronos a los reyes que gobernaban antes de la Revolución, o sus legítimos descendientes

Junto a ello, el Congreso decidía la formación de un ejército absolutista con derecho a intervenir en cualquier parte del continente donde un brote liberal pusiese en peligro su hegemonía (la Santa Alianza). En una Europa así, la obra de Cádiz estaba sentenciada. En 1814 Napoleón se escapo de Elba y recobro su poder, pero la derrota francesa en Waterloo significaría el fin definitivo de la revolución. Para rematar la desgracia, las potencias obligaron a Francia a firmar el Tratado de Valencia, que anulaba los acuerdos de Bayona, restituía en sus derechos a Fernando VII y establecía el abandono francés de nuestro territorio.




2. El sexenio absolutista

Con este panorama tan favorable, el jubilo estallo en España, el regreso del rey significaba el fin de la guerra y la vuelta a la libertad nacional. El campesinado, muy tradicional e influido por los privilegiados celebro el regreso y comenzó a mirar de soslayo a la obra de Cádiz, reformista e influenciada por las odiosas ideas extranjeras (ilustración). Mientras el rey prepara su regreso, y por mandato suyo, el general Elio, junto a oficiales realistas fieles, se hace con el control, del ejército, y protege una reunión de 69 diputados absolutistas, nobles, alto clero y generales leales a l Antiguo Régimen en Valencia, es el llamado “Movimiento de los Persas”. De la reunión sale el llamado Manifiesto de los Persas que expone públicamente su defensa del Antiguo Régimen, su oposición a las ilegitimas Cortes de Cádiz, su obra legislativa y sus ofrecimientos de apoyo al rey para que recobre su poder absoluto. Esta posición del ejército, la nobleza y el clero hacen ver al rey claramente la posibilidad de restaurar el absolutismo.

Con todo a favor, el 4 de mayo de 1814, el rey, ya en España declaraba, vía decreto que “ ... aquella Constitución y tales decretos, nulos y de ningún valor ni efecto, ahora ni en tiempo alguno, como si no hubiesen pasado jamás tales actos, y se quitasen del medio del tiempo...”
El decreto invocaba el origen divino de su poder y justificaba su actuación por los engaños de Napoleón, acusando a las Cortes de Cádiz de usurpación por haberse reunido sin respetar las normas tradicionales y haberle despojado de su soberanía absoluta. Terminaba condenando a muerte a quien defendiera la Constitución, no sin antes prometer que convocaría Cortes tradicionales para asegurar una libertad que no degenerase en libertinaje.
El resto de esta lamentable historia de traición es de imaginar. Tomado el poder el rey procedió a :

a- encarcelar a los diputados y los liberales más conocidos.
b- Restaurar el Santo Oficio,
c- Formar comisiones militares y tribunales encargadas de perseguir a los liberales
d- Prohibición de periódicos y asociaciones.
e- Derogación de la constitución y todas las reformas legales de Cádiz
f- Restitución de señoríos, privilegios y propiedad amortizada de las tierras, con devolución de las incautadas durante la guerra y entregadas a la población
g- Reimposición del sistema económico previo (diezmos, mesta, gremios..)
h- Depuración de elementos liberales del ejército

Como es de suponer, las leves promesas de reforma y buen gobierno no se cumplieron. Ninguna reforma se realizo en los años siguientes, ni tampoco se convocan Cortes. El absolutismo más paralítico y corrupto se adueñó del país en los siguientes años.




2.1.La crisis del absolutismo

La actitud del rey levanto inicialmente lo recelos de las colonias, y tras ello su deseo de independencia, con lo que el Imperio comenzó un final que culminaría en 1824, con la pedida de todos los territorios americanos, salvo Cuba y Puerto Rico. Esta actitud no solo se enfrento con los anhelos de libertad y buen gobierno de sectores burgueses de la población. A esta demanda política hay que unir un país destrozado por la guerra y la pérdida de la mayor parte de las colonias, que no sólo constituiría un desastre para la hacienda, sino también un obstáculo para el desarrollo de la industria y el comercio, por la pérdida de aquellos mercados.
Junto a la grave situación en América, los pronunciamientos comenzarían un desesperado intento de los liberales por acabar con el poder del rey. En 1814 seria el General Espoz y Mina, en 1815 Juan Díaz Porlier se levantó en armas en la Coruña, en 1816 se produciría la sublevación del triangulo, y en 1817 la sublevación de Milans del Bosch y del general Lacy. Todas fracasaron en medio de una brutal represión.
Mientras el rey gobernaba sin programa y sin reformas, con la ayuda de la llamada camarilla, clérigos, aristócratas y militares de plena confianza del rey, y que impedían cualquier cambio por leve que fuese, amparado en una situación internacional muy favorable.
Sin embargo, las cosas empezarían a cambiar en 1819. Una serie de buenas cosechas tiraron los precios, arruinando a los campesinos. La marcha negativa de la guerra colonial impedía el despegue comercial e industrial y arruinaba la hacienda, con el continuo envió de tropas y la falta de recaudación. Por si fuera poco, el malestar campesino se inició, ante el hecho de que la restitución del Antiguo Régimen obligaba a devolver las tierras y convertirlas en pastos para señores y mesta. Ante el hecho de que se reimponían los derechos señoriales y los diezmos. Y ante el hecho de la persecución a burgueses y clases urbanas.
En 1820 estalló un rosario de revoluciones liberales en toda Europa, las revoluciones del 20, en ese nuevo marco de circunstancias, las tropas acantonadas en Cádiz para realizar una nueva expedición a América, se rebelaron contra el rey el 1 de enero de 1820, de la mano del coronel Riego. Tras proclamar la constitución de 1812, muchas otras ciudades le siguen, ha comenzado el Trienio.

II. El Trienio Liberal

3.1.Orígenes

Como veíamos en el capítulo anterior, la crisis económica, el descontento campesino, la crisis americana y el cambio de la situación internacional con la llegada de la revoluciones liberales de 1820, propiciaron que tras varios intentos de pronunciamiento, Rafael del Riego aunara el descontento liberal y triunfara en 1820, proclamando la constitución de Cádiz y obligando ala rey a respetarla y mantener un régimen constitucional.
El golpe triunfó gracias al apoyo de varias guarniciones militares, pero sobre todo al descontento campesino por la crisis agraria y la devolución de tierras y reimposición de cargas feudales.
Atemorizado por la situación, Fernando VII juró la Constitución de Cádiz el 7 de marzo. Se iniciaba un nuevo experimento constitucional, pero marcado en todo el Trienio (marzo de 1820-0ctubre de 1823) por la inestabilidad gubernamental.




3.2. El liberalismo

Antes de nada conviene recordar que el liberalismo era una teoría política de raíz ilustrada y burguesa que había nacido durante la época de las revoluciones, que expresaba el deseo de las capas urbanas de asumir el poder en un clima de igualdad jurídica y que defendía:

a- División de poderes
b- Derechos y libertades
c- Igualdad ante ley
d- Soberanía nacional
e- Voto
f- Constituciones
g- Propiedad privada y libre empresa

Sin embargo, ya en estos primeros tiempos, el movimiento liberal se encontraba dividido en sus planteamientos, y de ahí provendría la debilidad del periodo.

3.3.Causas de la inestabilidad de Trienio.

Varias son las causas que explican lo turbulenta de esta etapa y su fracaso final.
La primera causa se encuentra en la división liberal. Este movimiento se había dividido ya en Cádiz, durante la guerra en dos bandos diferenciados por la intensidad de las reformas e intereses de clase.
Por un lado estaban los moderados, partidarios de un gobierno fuerte, de un legislativo bicameral, libertad de prensa limitada, sufragio censitario, defensa de la propiedad y del orden social. Representaban a la burguesía urbana de negocios, y sus diputados procedían del exilio, habían sido doceañistas, y eran minoría en las Cortes.
El otro grupo eran los radicales, que luego se llamarían progresistas. Eran en su mayoría jóvenes, intelectuales, oficiales jóvenes y, en general, fanáticos de la revolución. Defendían llevar al máximo la filosofía de la constitución de Cádiz, sistema unicameral, control parlamentario del gobierno, sufragio universal, libertad absoluta de opinión, menor interés en la defensa del orden y la propiedad, y fuerte anticlericalismo. Su apoyo eran las capas populares urbanas y la intelectualidad, sosteniéndose en la acción de la prensa y la calle. Mayoría en las Cortes, pasaron a controlar el gobierno en el último año del trienio, tras el fracaso de un golpe de estado realista

Una segunda causa de la crisis del Trienio era el Rey. Su postura fue siempre desafiante y claramente partidaria de los absolutistas. Nombraba ministros absolutistas, vetaba leyes de las cortes, se enfrentaba a los ministros liberales, y pidió, secretamente una intervención de la Santa Alianza, para que enviara tropas que acabaran con los liberales y le ayudaran a restaurar el Antiguo Régimen, como así ocurrió. Como los liberales también desconfiaban de él, y él tenia constitucionalmente los poderes ejecutivo y legislativo (en parte), se produjo una contradicción difícil de solventar.

Una tercera causa se encontró en la calle, donde, tanto masas radicales, como absolutistas, presionaron al gobierno colocándole contra las cuerdas.

3.4. La obra reformista del Trienio

Los gobiernos del Trienio, pese a todo, desarrollaron una intensa labor legislativa, que sirvió de precedente para épocas y gobiernos posteriores. Podemos dividir esa labor en varios apartados:

a- En el terreno agrario, el mas importante por significar la ocupación y residencia de la mayoría de españoles se crearon leyes que pretendían acabar con el Antiguo Régimen. Se favoreció a los propietarios rurales y urbanos, lo que explica la desilusión del campesinado no propietario, que acabaría enfrentándose al régimen. Son reformas de ese periodo:


- Eliminación de la vinculación de la tierra en todas sus formas (mayorazgos, tierras eclesiásticas y comunales)
- desamortización de tierras comunales y baldíos, para crear propietarios y conseguir dinero para solventar la deuda pública
- desamortización eclesiástica rural (conventos)
- Reducción del diezmo a la mitad. Eso evitaría arruinar a la iglesia, pero molesto a los campesinos, que de hecho, ya no pagaban nada
- Creación de un sistema fiscal basado en una contribución directa sobre la propiedad
- Libertad de relaciones económicas en el campo (arrendamientos, ventas..) lo que sirvió para que los propietarios revisaran al alza los viejos contratos.

b- En materia religiosa, se desarrollo una política anticlerical, visible en la exigencia al clero de jurar la constitución y defenderla en iglesias y escuelas, se suprimió la Inquisición y la Compañía de Jesús, y las vinculaciones. Pero el enfrentamiento radical vino de la mano de la Ley de Supresión de Monacales. Por ella se disolvían todos los conventos regulares, menos los ocho de mayor valor histórico y artístico; las órdenes se integraban en las diócesis, no podían aceptar nuevos novicios, y se desamortizaban sus bienes para venderlos y amortizar deuda. La consecuencia fue la rebelión de la iglesia, que adopto la decisión de apoyar con toda su energía la vuelta al absolutismo y a defender ante el pueblo la teoría del Altar y el Trono.
c- S e reorganizo la policía y el ejercito, colocándoles bajo tutela del gobierno. Se mejoraron, sueldos, ascensos y dotaciones materiales. Lo más significativo fue la creación de un nuevo cuerpo, la Milicia Nacional. Un cuerpo militar de base burguesa, llamado a defender al régimen, no al país, y que abría el paso a la intervención militar en política de las décadas siguientes

d- Se reformo la educación, dando pasos para hacerla laica y extendida a toda la población.

e- En el terreno financiero se renegocio la deuda anterior, se recortaron gastos, se tomaron créditos para poder invertir y se inicio la reforma que iniciaría en España un sistema de impuestos directos (sobre renta y patrimonio) y, en menor medida en indirectos (consumos)





3.5. El final del Trienio

El conjunto de factores que ya hemos citado desencadenaron el final, que podríamos resumir así:

a- el fracaso de las revoluciones del 20, que dejo aislado a nivel internacional al gobierno
b- el descontento campesino
c- la oposición de la iglesia
d- las continuadas revueltas realistas
e- la división liberal
f- la intervención final de la Santa Alianza a petición del rey

Ya en 1822 se sublevaron cuatro regimientos de la Guardia Real, hecho que fue controlado por la Milicia Nacional. Desde ese momento, se formo un gobierno paralelo absolutista en suelo francés, para organizar el asalto al poder con apoyo de la Santa Alianza. En 1822 las tropas realistas tomaban Urgel. Aunque el gobierno reconquisto la ciudad tras seis meses de lucha, la Santa Alianza, en su Congreso de Verona (octubre de 1822), decidió ante estos hechos intervenir. Tras varios meses de preparativos, la Santa Alianza, encomendó al ejército francés la misión. 35.000 voluntarios realistas, (Los 100.000 hijos de San Luís) al mando del duque de Angulema invadían España en abril de 1823, devolviendo al rey su poder absoluto.


IV. la Década Ominosa

4.1. Los orígenes

Como ya hemos visto, la entrada del ejercito de la Santa Alianza, al mando del Duque de Angulema, unido a factores internos, desencadenó en España una represión feroz, para la cual, el rey creó las llamadas Juntas de Purificación, órganos dedicados a la persecución y castigo de los liberales. Su ferocidad seria tal, que el duque de Angulema intentó moderarla para no dar a Europa una imagen demasiado violenta.
Como en 1814, Fernando VII volvió a restablecer las condiciones jurídico-políticas anteriores, es decir, prácticamente las anteriores a la guerra de la Independencia: devolución de bienes al clero, restitución de señoríos a sus titulares, restablecimiento de las rentas provinciales, de los gremios, etc. El Cuerpo de Voluntarios Realistas, versión absolutista de la Milicia Nacional, se extendió por toda la Península para guardar los principios y la organización absolutista del Estado.
La situación económica continuó siendo catastrófica. A los problemas tradicionales de la hacienda hubo que sumar los perjuicios de la introducción de moneda francesa, que provocó escasez de numerario, los gastos de la expedición francesa, e incluso el pago de los empréstitos tomados en los tres años anteriores a los banqueros franceses.
A todo ello debe añadirse la pérdida definitiva de las colonias americanas, con la excepción de Cuba. Tras la batalla de Ayacucho en 1824. La pérdida progresiva de las colonias desde 1810, aunque apenas la hayamos tratado, gravitó sobre la Península como uno de los principales problemas del período.
Los diferentes ministros de Fernando VII intentan hacer frente a la situación con medidas dispersas y aisladas, y en último extremo con la consecución de préstamos costosísimos, por la falta de confianza que inspiraba la hacienda española, sin que fuera posible pensar en reformas que aliviaran la situación, pues los absolutistas veían hechos tales como la elaboración de un presupuesto como una reforma peligrosa que anunciaba el retorno del liberalismo.
La oposición liberal en el exilio carece de fuerza para incidir en la situación española. La mayor parte de los líderes liberales (Alcalá Galiano, Calatrava, Argüelles, Mina, Mendizábal...) tuvieron que refugiarse en Londres hasta que la revolución francesa de 1830 les permitió pasar a Francia y acercarse a la frontera.
Su principal forma de lucha consiste en formar pequeños destacamentos, que entraban en la Península confiando en encontrar apoyo del pueblo y extender la sublevación. El ejemplo de Riego en 1820 inspira durante estos años a la oposición liberal, que repite una vez tras otros intentos semejantes. Los intentos de Tarifa en 1824, Alicante en 1826, Gibraltar en 1830 y Mina en el mismo año entrando por los Pirineos, responden a esta táctica, pero fracasaron. De todos, el más conocido fue el del General Torrijos, ejecutado en Málaga en 1831.




4.2. La evolución del reinado

Lo más curioso de este periodo fue su final. Quizás influido por la suavización en el carácter del rey que ejerció su matrimonio postrero con la noble Mª Cristina de Borbón (con la que tendría su única hija, la futura Isabel II), quizás agobiado por la dificilísima situación del país, Fernando inicio una timidísima apertura en los años finales de su reinado, visible en una relajación de la represión, y en ciertos pasos en la implantación del capitalismo industrial en nuestro país (Altos Hornos del Mediterráneo, Bolsa de Madrid, Ley de Minas). Estos tímidos impulsos venían de la mano del ministro López Ballesteros, y aunque sus efectos fueron aun mínimos, y la crisis económica siguió creciendo, eran una muestra de sensatez. El problema se encontraba, empero, en la falta de capitales, el bloqueo de la tierra (vinculada), la inestabilidad política, el caos financiero, la irracionalidad del sistema fiscal y las dificultades de comercio (aduanas, caminos, varias monedas…)
Pero con todo, esos tímidos cambios despertaron en el interior el recelo de los realistas, y su oposición al régimen por blando. Los sectores más intransigentes del absolutismo exigen una represión mayor sobre los elementos del ejército y la administración sospechosos de simpatías liberales. Su descontento por la no restauración de la Inquisición se convirtió en oposición política cuando a la marcha del ejército de la Santa Alianza, la defensa se encarga al ejército regular y no los Voluntarios Realistas.
En 1825 se publica una protesta de la Federación de Realista Puros, en 1827 el obispo de Vic protesta contra las debilidades del régimen, y en el mismo año se levantan en Cataluña partidas o milicias (revuelta de los malcontents), que reclaman mayor poder político para los realistas, la depuración de militares y funcionarios y el restablecimiento de la Inquisición. Ante la falta de atención de Fernando VII, estos sectores ultras se acercan progresivamente a su hermano don Carlos, que defiende sus peticiones y promete cumplirlas cuando suceda a su hermano en la Corona.
Esta división creciente entre ultras y evolucionistas cristalizará en el problema sucesorio, origen formal de la primera guerra carlista. Ante la posibilidad de tener herederos femeninos del último matrimonio contraído por el Rey, éste publica la Pragmática Sanción de Carlos IV, derogando la Ley Sálica implantada por Felipe V.
El nacimiento de dos hijas descartaba efectivamente la sucesión de Don Carlos deseada por el sector intransigente. Cuando Fernando VII enferma gravemente, en octubre de 1832, las intrigas realistas restauran la Ley Sálica, pero un movimiento contrario conduce al nombramiento de María Cristina, esposa del Rey, como regente mientras dure la enfermedad del monarca.
María Cristina, ante la necesidad de alianzas para hacer frente a los absolutistas que apoyan a Don Carlos, nombra un nuevo gobierno, dirigido por Cea Bermúdez, de significación reformista, decreta una amnistía parcial, que supone el retorno de 10.000 exiliados liberales, y sustituye a los capitanes generales más integristas, por simpatizantes el liberalismo. La muerte del rey a fines de 1833, divide al país en torno a dos candidatos, de dos formas de estado.




Imágenes Edelvives. Fuentes Ed. Akal y Ed. Santillana

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